¿Nación de naciones?

En la nueva etapa del gobierno socialista se está volviendo a hablar de la vieja idea de la España plurinacional, tan cacareada y en parte ejecutada antes de la guerra civil. España como una nación de naciones. La gente vuelve a justificarla hablando de la diversidad lingüística y de tradiciones y cómo hablar euskera o catalán y castellano ha enriquecido sus vidas, dando desde ahí por sentada esa plurinacionalidad y la necesidad de redefinir y reorganizar España.

No deja de sorprenderme la infantil inocencia con la que los progres aplauden todo lo que se les venda como bonito, mientras califican a sus vecinos de fascistas a las primeras de cambio y señalan los oscuros intereses capitalistas de entidades supranacionales a las que sin embargo nunca ponen nombres y apellidos. Se apuntan a la idea de nación de naciones como si a políticos y periodistas pudiera importarles la identidad, sentimientos o deseos de independencia de tu región. Como si ésta fuera un fin en sí mismo.

Digo yo que a lo mejor una cosa es la diversidad cultural y otra la plurinacionalidad. Una diversidad que parte además de una base cultural e histórica común. Si ante esas diferencias concluimos que somos naciones distintas, entonces estamos diciendo que todo nace no ya del Estado sino de además un ente superior al mismo y que lo transciende, el de nación. Nación que conjuga una conciencia, mentalidad y unos avatares pasados y un destino particular común desligado del de otras naciones. Eso, cuando no además unas particularidades raciales. Cosas todas que no se cumplen en España.

«No, pero es que no hablamos de naciones separadas, decimos que España es una nación de naciones». Ya…y ¿qué significa eso? ¿La base cultural común sería la nación y las diferencias particulares serían las naciones que la componen? Para empezar, como acabamos de decir, la historia común ya echa abajo cualquier idea de más de una nación. Pero sobre todo, no sé qué aporta la formulación en términos de varias naciones.

Lo que tenemos que preguntarnos es para empezar cómo nos ayuda esa formulación. Es lo que yo esperaría de alguien supuestamente de izquierdas: en qué nos ayuda a sus habitantes. Sí, al pueblo, la gente de la calle, eso de lo que se suponía que hablaba la izquierda. La de verdad. Pero es que ya no hay de ésa, si es que alguna vez la hubo sin contaminar. Por eso los progres dicen estas majaderías y confunden las cosas. Y es que eso de naciones, además de un artificio y una falsedad en el caso de España, no puede ser más de extrema derecha. De la extrema derecha nacionalsocialista, no española. La «nación» como un ente abstracto supremo en el que se reconoce e identifica todo pueblo sublime. Pero claro, decir que «eso es de extrema derecha» no es un argumento, y menos contra un progre. Un progre puede pensar y actuar como un nazi si quiere, porque lo que es o no es sólo lo define él, ella o elle.

Volviendo a la utilidad y el riesgo para el pueblo, una vez se consiga la hoy cacareada y deseable nación de naciones, mañana habrá sido una trampa urdida por la malvada España para mantener su yugo opresor sobre Euskadi, Catalunya y Villaconejos de Abajo. Y todo seguirá igual, con los mismos conflictos, porque están espoleados desde arriba cuando les interesa. Pero no sólo eso, es que crear una pluralidad de naciones es una excusa perfecta para entonces fragmentar el ejército. Sería normal que cada una quisiera tener sus propias fuerzas para garantizar su supervivencia, ¿no? Eso es básico en toda nación, así que por qué no iba a serlo para las naciones componentes de una nación de naciones – más aún con la excusa de que tendrían que defenderse de una extrema derecha española que quisiera volver a fusionarlas. Por supuesto, los progres comulgarán convencidos sin darse cuenta de que una vez dividido el ejército es cuando ya resulta técnicamente posible escalar los conflictos a una guerra. Por eso también el ataque hacia el rey, que al ser jefe del ejército es hasta cierto punto garante de su unidad.

«No, pero es que nosotros nos llevaremos muy bien con España», dicen muchos independentistas. Claro, y las flores y los unicornios. Como si el pueblo decidiera las guerras y los conflictos. De verdad, cómo se puede estar tan empanao.

Que nos matemos los unos a los otros es la mejor manera de empobrecer al pueblo y quitárselo de en medio, algo importante cuando no sobran recursos en el planeta y exigimos un nivel de vida digno. Pero, aunque el resultado de su estupidez sea que muera hasta su puta madre, los progres no deben preocuparse: todo habrá sido culpa de los fachas. En parte será verdad porque la culpa tiene que ser de ambos bandos, y a la derecha le pondrán un caudillo para que se radicalice. Así que los progres tendrán su excusa para seguir creyéndose que siempre tuvieron la razón y que son más cultos y mejores personas que nadie. Eso es lo único que les importa. Le estamos dando un poder enorme al poder para destrozar todo lo que tenemos. El balance riesgo / beneficio de una España nación de naciones no compensa.