Usted viaja con sus hijos en un barco en el que el capitán es elegido entre todos. Éste promete una singladura inolvidable hacia un destino de ensueño, pero usted descubre la espantosa verdad: el capitán se dedica a hacer agujeros en el casco del barco con la intención de hundirlo y huir en un bote repleto de oro. Usted destapa su taimado plan, pero todos se niegan a creer lo que tienen ante sus ojos y siguen apoyando al capitán. ¿Tienen legitimidad para seguir prestándole su apoyo, porque es una democracia? ¿Usted no la tendría para quitarle el mando?
A lo mejor la cuestión no es tan fácil de responder. Podríamos decir que no están legitimados para seguir votando al capitán porque usted y sus hijos también van en el barco. O podríamos decir que sí lo están, ya que ése era el acuerdo y ésa la estúpida voluntad de sus compañeros de viaje. La segunda sería una actitud radicalmente democrática por su parte, pero es que entonces usted también quedaría legitimado para actuar de modo tan inmoral como el capitán. Tendría usted todo el derecho de compincharse con él y largarse en el bote juntos, y en general, para engañar a cualquier miembro del pasaje o tripulación sin importar los fines y las consecuencias. Como si se pone a vender excursiones de buceo con piedra atada al pie: si usted consigue que la gente le dé su dinero y se tire por la borda, nadie debería poder pararle a usted los pies, porque acabar en el fondo del mar habrá sido decisión de sus clientes.
Tal vez por eso haya tantos periodistas, activistas y propagandistas a sueldo. Son tan demócratas que, cuando han visto que los demás somos estúpidos, han decidido compincharse con los políticos que nos están hundiendo el barco.
Cada ideología ha respondido al dilema del barco su manera:
-Para la falsa izquierda progre usted es un cuñao, y si el barco se hunde es porque no había camarotes de primera clase para todos.
-Para la izquierda tradicional usted no existe, porque el que pertenece a una clase social por fuerza se comporta y piensa igual que el resto de su clase social.
-Para los liberales los que no existen son el resto del pasaje, porque todos los individuos actúan racionalmente buscando su propio interés y nadie apoyaría al capitán.
-Para la derecha conservadora tiene usted que mirar para otro lado y hacer como que no pasa nada, no vaya a ser.
-Para la derecha radical usted tiene que colgar del palo mayor al capitán, los oficiales, el contramaestre y el que pasaba la mopa.
Ninguna ideología habla sobre la realidad, desde el momento en que ninguna tiene en cuenta ese espantoso descubrimiento que usted hizo en el barco: que la sociedad no se dirige a través de ideologías, sino a través de engaños. Ninguna ideología nos prepara para eso porque ellas mismas son parte del engaño. Parecen la obra de un ingeniero que diseña sin tener en cuenta la posibilidad de errores ni hackeos. Las ideologías son cajas fuertes con una llave para nosotros y otra para los ladrones, los dueños del banco.