Vida de las ideas

Las ideas al final mueren. Muere su cuerpo, como lo hace el nuestro.
Las ideas tienen su propio desarrollo embrionario, y su ecología y etología. Alguien debería escribir un tratado que explicara cómo las gestamos y parimos y cómo esperan latentes a viralizarse.
Cuando nacen a la vida activa, las ideas no vienen solas. Ellas también son ellas y sus circunstancias, y se presentan en un envoltorio y un guión – un relato, que dicen – pero también con profetas y con sunna, su recetario de buenas costumbres para el usuario.

Las ideas tienen padres que las gestan y profetas que las predican, pero también depredadores. Ellos saben que las ideas vienen y se van, y quieren que se vayan cuanto antes. La fórmula de repetir mil veces una mentira para convertirla en verdad funciona porque una verdad es una idea y muere como las demás. Si le decimos a un ordenador que 2+2=3 todas las veces que se quiera; nunca hará caso porque para él 2+2=4 no es una idea, es un mecanismo. Pero con una persona sí que funciona, porque las personas no son el mecanismo, sólo manejan conceptos que lo reproducen con mejor o peor acierto. Saben hacer la operación, pero por ejemplo no saben cuándo hacerla o por qué, y también saben olvidarla. Al darles vida, lo hacen con sus herramientas de humanos – la razón para dotarla de esa estructura mimética a la del mecanismo subyacente – pero también componentes humanos para insuflarle vida, que es la conexión con nuestro mundo. Todo eso forma el cuerpo de una idea, y sin él muere – muere para habitar en nuestro mundo. Porque una cosa es la construcción lógica de una idea y otra su atuendo. No el que lleva por casualidad sino el que necesita para habitar en sociedad entre nosotros. Decir que las ideas nacen sólo de la razón es como decir que un crítico musical es lo mismo que un músico.
Lo único que podemos pedirle a su creador es que haya sido honesto. Y entonces, esperar que sea hermosa. Nuestros enemigos tienden trampas a las ideas honestas y hermosas. Y no es suficiente con que tengan coherencia lógica para que sobrevivan: la atacarán con el arma de las emociones, vistiéndola de harapos y acusándola de fea. ¡Es ajena al mecanismo! ¡No ha nacido de la razón, dirán, sino del alma oscura de su padre! Y las masas se volverán contra ella. Y sentirán vergüenza de que esa idea haya siquiera existido, de que haya podido asomarse a la mente de quien le dio vida.