Eslóganes feministas y otras canciones de amor

Hay que preguntarse por qué las mujeres no reaccionan contra las consignas feministas del tipo “machete al machote o “el violador eres tú”. A estas alturas, a priori debería haber un divorcio total entre mujeres y feminismo.

Da la impresión de que se callan porque les interesa. No deja de ser una manera de presionar a los hombres para elevar sus prebendas en las esferas legal, familiar y laboral. Y no niego que haya una parte de esto en bastantes casos, pero también creo que la explicación no se queda ahí.

Salvo los manginas, los hipócritas y los más ingenuos, todos los hombres nos damos por aludidos si un grupo de tipas con los ojos vendados nos señalan al tuntún y cantan que “el violador eres tú”. Nos resulta evidente que nos están criminalizando a todos, o al menos que se están refiriendo a algo muy tóxico que hay en nosotros y en ellas no. En cambio, la mayoría de las mujeres sólo ve un grupo de tipas alteradas que reivindican algo. A partir de ahí, podrán apoyarlas, pasar de largo, o ponerse en contra porque oye, ya está bien de tanto quejarse.

Es decir, en su juicio siempre tiene mucho peso la actitud que captan en quien emite el mensaje, además de sus motivaciones emocionales, la información entre líneas, la aprobación del grupo, y el componente personal si lo hay. Mientras nosotros nos ceñimos más al contenido literal, ellas pueden dejarlo pasar, por explícito que sea, en función de esos otros factores.

Con los eslóganes feministas ocurre lo mismo que con las canciones “de amor” con mucha carga sexual: la letra puede decir auténticos disparates, y los adornos ser insuficientes para ocultarlos o para distraer de una lectura obvia, pero si la actitud y el ambiente son amables la interpretación que harán las mujeres también lo será. Una canción ya puede estar diciendo que quiere hacer las mayores cochinadas, que si añade cuatro palabras bonitas eso cuela. Y si ya lo dice con la metáfora de ser un pez mojado en ti… bueno, entonces eso es el poema de un romántico empedernido.

En este sentido, a medida que los eslóganes feministas se van radicalizando cada vez se parecen más al reggaeton y demás géneros “latinos” Son más explícitos y crudos. Cada vez ocultan menos las verdaderas intenciones. Y sin embargo más o menos siguen colando (eso sí, dentro de una sociedad cada vez más desequilibrada por todo el trabajo de ingeniería social anterior).

También existe el componente personal. Por una parte, las mujeres se buscan a si mismas en cualquier mensaje. Sólo hay que probar a decirle a una algo negativo empezando por “Hay algunas mujeres que…”. Siempre se va a dar por aludida y va a responder “Pues yo no” o similar. No tardará en hablar de sí misma, sea para desmarcarse, sea tal vez para reconocerse dentro de ese grupo. No falla. Siempre creerá que en realidad estás intentando decirle algo sobre ella. Frente a lo literal, en ellas no sólo lo emotivo, lo figurado y lo oculto están muy presentes, sino también lo personal, en el sentido de egotista.

Por otra parte, también por esta inclinación hacia la comunicación de persona a persona y relativa a otras personas, los mensajes los personifican, los hacen carne y los concretan en alguien. Los mensajes buenistas del progresismo les resultan atractivos también por este motivo. Si les dices “igualdad” se imaginan no un principio abstracto, listo para ser examinado en su coherencia y en su encaje práctico, sino a sus hijos o a otros niños y niñas sonrientes, jugando y creciendo juntos y felices. Y con ese pobre pero poderoso camuflaje, las mujeres dejan pasar desapercibidas las mayores incongruencias y siguen pensando que el feminismo busca la igualdad. Y cuanto más idealistas, peor, porque más fuerza tendrá esa personificación.

Ahora muchos pensarán: si digo que ellas tienden a tomarse todo de manera personal, y a la vez digo que no son unas absolutas egoístas, de eso se deduce que deberían entender que nosotros nos sintamos señalados con eso de “el violador eres tú”. Pero no, porque ese mecanismo sólo funciona para sí mismas, ya que para la naturaleza no hacía falta extenderlo a quienes se supone que no se toman las cosas de manera personal, los hombres, que además se deberían saber defender solos (de hecho, si nosotros reaccionamos mal contra estas acciones es porque no están aisladas y adivinamos una amenaza seria detrás). Además, por el entorno en el que se emite, a través de un baile en grupo, el mensaje “el violador eres tú” no es personal sino genérico. A priori es absurdo pensar que las que cantan eso nos puedan conocer a todos uno a uno, o que estén señalando a alguien con nombres y apellidos, así que las demás mujeres no lo ven como un ataque personal. Y, como para ellas sólo existen los ataques personales, si no es personal no hay ataque. Por eso la gran mayoría de las mujeres no se les ocurre que nos podamos ofender o tomárnoslo como algo grave.

De este modo, por increíble que parezca, para bastantes mujeres puede que el “himno” de “Un violador en tu camino” no pase de ser simplemente otra forma más de decir que este mundo, construido más bien por los hombres según su entender, no les gusta y hay que reemplazarlo por otro mejor. Pasan por alto la obvia criminalización y lo burdo de tal descripción. A los medios les ha parecido suficiente con justificarlo diciendo que el himno lo han hecho unas chilenas a raíz de las protestas en su país y los abusos policiales en ellas sobre los cuerpos de las mujeres. (Hay que ser muy sinvergüenza cuando de 22 muertos en las protestas, sólo 2 fueron mujeres y encima murieron de manera accidental. Y si es la autoridad, ¿por qué el violador eres tú, es decir, el ciudadano de a pie?¿Y por qué se canta fuera de Chile?).

De este modo, con toda alegría, las mujeres se pierden totalmente la verdadera intención de los eslóganes feministas, que es atacarnos a los hombres y al mismo tiempo hacernos pensar que todas ellas aprueban esos ataques.
Además, con esto la posibilidad de que nos entendamos queda arruinada. En esta sociedad se da por sentado que los hombres tenemos que esforzarnos por entender a las mujeres y que si no lo conseguimos somos unos insensibles. Pero la gran mayoría de ellas ignora completamente cómo funcionamos nosotros (y eso que se supone que esto es un patriarcado), cómo nos comunicamos y por tanto por qué muchos interpretamos negativamente estos mensajes del feminismo más agresivo. Estas consignas se han ido radicalizando y haciendo más y más agresivas, y están diseñadas no por mujeres de a pie sino por activistas al servicio de la dictadura. Saben perfectamente que nosotros los vamos a interpretar como ataques (incluso quienes no reaccionen en contra los irán similando como tales), pero las mujeres no, lo cual va a dificultar la comunicación entre ellas y nosotros.

Alguna feminista disidente ha dicho que un error del feminismo pretende que todos hablemos el lenguaje de las mujeres. La intención es estupenda, pero yo diría que eso es incorrecto, porque el feminismo no habla ni su lenguaje ni su lógica, sino el inventado por unos manipuladores que no salen de los esquemas de opresores y oprimidas y demás engaños. Un lenguaje luego edulcorado para hacérselo vendible a ellas, y para que los ataques de una élite hacia los hombres parezcan venir de las mujeres y tener su aprobación.