Carrusel deportivo

En España hay miles de personas exigiendo cárcel y exclusión de la asistencia sanitaria para los manifestantes antimascarillas. Algunos incluso pedían mandar al ejército a disparar contra los manifestantes.

En España creemos que cuanta más brutalidad y sinrazón pongamos en un argumento, más fundamento le estamos dando. Supongo que es una manera de darle peso. La otra es tener razón, pero la razón se nos queda corta. Si tienes razón, ¿cómo dejas tu impronta?¿Cómo expresas tu cabreo o das la nota si te limitas a tener razón? Hay que ser muy comedido. Es una renuncia demasiado grande.

Si en España no creemos en la razón, entonces no creemos en la democracia. No creemos en el ágora y los campos de batalla, creemos en los tablaos flamencos y en las peleas de patio de colegio. Eso sí, mucho de boquilla pero luego nada. Es curioso que si los griegos usaban tanto la razón luego tuvieran tanta energía para pelear. Nosotros cuando nos ponemos no lo hacemos nada mal, pero por otro motivo. Al héroe español no lo llevan a la guerra unas razones, lo llevan unas convicciones. Los demás, los que no son héroes, van detrás por obligación o por odio.

A lo mejor en lo que creemos en España es en las cosas bonitas. En la belleza.
Si nos cuentan la historia de un rey bondadoso y su pueblo, y nos dicen que vivieron felices y comieron perdices, ¿qué problema hay? Ninguno, ¿no?

A todos nos resulta estupendo, aunque no haya democracia. Cualquier español republicano se apuntaría a vivir allí. Si el rey sonríe y a las 8 se aplaude a las nubes por las ventanas, se apunta fijo.
Y al español monárquico le valdrá con que el rey se retrate a caballo en pose combativa. Tampoco hay tanta diferencia entre unos españoles y otros. La estética.


Es lo que hacen las teles, presentarnos una estética, una colección de cuadros. Nos pintan el mundo de unos colores. Ni siquiera nos presentan unas teorías, una explicación de las cosas aunque sea falsa. Nos las pintan de una forma.

Hoy nos dicen una cosa, mañana la contraria, y mientras saquen algún arco iris nos lo tragaremos. Sólo importa con qué tonos nos lo cuenten. Las pinceladas que no pueden faltar son la de “La situación es preocupante, ¡hay que ponerse serios!” junto a la de “¡Unidos lo superaremos!”.

En las noticias van tocando todo el registro de colores:

La indignación y el odio cainita: “Hay quien ha decidido que la situación no va con él y se niega a llevar mascarilla pese a las recomendaciones”. Y ahí nos indignamos mucho mucho mucho.

La épica: “Estos profesionales de la salud han estado trabajando 80h a la semana….” Y ahí en cambio nos postramos maravillados ante la santidad de algunas personas.

La capacidad crítica: “Ha habido errores por parte de todos incluyendo a los gobiernos….” Y con comulgar con eso ya nos creemos muy agudos y críticos.

El miedo: “El gobierno sólo contemplaría un nuevo confinamiento en un caso muy extremo…”

La esperanza: “Parece que el pico está más cerca cada día…”

La solidaridad y el sacrificio: “Unidos lo superaremos pero hay que ponerse serios…”

Y al final los informativos en España son reality shows, un carrusel de emociones guionizadas cuyo objetivo no es ni la aportación de datos, que debería ser lo único que hiciera el periodista, ni su análisis. El objetivo es irnos inculcando un comportamiento sumiso, gregario e irreflexivo. La persona más razonable que he visto en la tele últimamente se llama Bob y se apellida Esponja. Al lado de los periodistas, él y su amigo Patricio son Platón y Aristóteles.

Pero no os preocupéis, unidos lo superaremos.